El mar y la montaña representan dos paisajes opuestos y complementarios de la naturaleza. El mar evoca movimiento, libertad, horizonte e infinitud; la montaña simboliza estabilidad, silencio, fuerza y elevación. Juntos, crean un diálogo visual entre lo dinámico y lo inmóvil, lo horizontal y lo vertical.
Así, el espectador puede viajar entre dos mundos distintos y, al mismo tiempo.












